miércoles, 26 de enero de 2011

La Noche

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Me habla de él, me cuenta de México, de Uruguay, los contrastes. Fumamos, intercambiamos humo, avanzamos juntos hacia la boca de un animal semimuerto: la noche. Lo veo hablar, lo miro mientras caminamos, lleva las manos metidas en los bolsillos del saco, como si escondiese algo. No se quita el cigarrillo de los labios. Dice: Estoy escribiendo sobre nosotros. Lo miro, pero no dice nada más. No me importa, no podría importarme, la imagen en mi cabeza no lo incluye, pienso en Norma, la noche me la trae como a un sueño o a un pájaro, y creo que la amo, que siempre la amé, que no la comprendo y aún así no puedo dejar de amarla. Dice algo más, pero yo ya no lo escucho, somos dos peces en la noche.
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Nicolás Reffray

sábado, 22 de enero de 2011

Ausencia


Palpo esa boca felina,
esa boca humana que se
deshace en el aire,
que se desgrana débilmente,
que presagia la muerte en sus miles de formas y
colores,
que la antecede,
anteponiéndose a ella con la obstinación de un niño o un loco.

Toco el espacio de aire que hasta recién ocupaba;
toco el hueco helado de la sombra que ya no es,
y que sí es su falta, inalterable.
Bosquejos de bostezos, mi pena adolescente.
Nada puede resumirse en dos líneas ni en tres,
y yo enmudezco, idiota,
con el dedo índice puesto en la nada,
en esa nada que me dice tanto,
que me estampa sus cinco dedos de revés en plena cara.


Nicolás Reffray

sábado, 8 de enero de 2011

Te espero en el absurdo, en el poema...




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Te espero del otro lado de las cosas,
en el hueco-grieta-sombra que dejó el día para reconocernos.
Te espero en el absurdo,
en el poema,
despeinado y con los ojos abiertos como dos pozos
inacabables

que se llenan y se vacían,

que se refriegan inconsolables

y se desvisten.

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Nicolás Reffray

martes, 30 de noviembre de 2010

XXVI.


Escribir bajo un cielo negro, bajo un techo de yeso, desde un balcón mirando hacia abajo, escribir en la bañadera, en el subterráneo, en los cordones de todas las avenidas de Buenos Aires, sentado en el suelo de tierra, en las baldosas quebradas de un patio abierto, escribir pensando en nada, en todo, escribir como ejercicio mental, filosófico, moral, escribir en otoño, en primavera, en invierno, escribir en verano, escribir sobre la muerte y sobre la espera, escribirle al tiempo, a la mujer, al lado femenino de toda masculinidad, escribir descalzo, desnudo, escribir palabras que no conozco, jugar con sus sonoridades, escribir mierda sin dejar de escribir oropéndola, escribir bajo la sombra lila de un jacarandá, escribir a máquina, con lápiz, con birome, pluma fuente, con imanes, escribir poesía, ficción, realidad, mezclarlo todo, escribirlo todo, como sea, escribir vida, grieta, luz, sombra, escribir paredes, bancos de plaza, escribirse la piel, dejar marca, escribir en la marca ajena, en la piel otra, escribir con y sin diccionario, desde abajo, por arriba, escribir en boletos de colectivo, en cuadernos y anotadores, escribir mentalmente mientras se ama, mientras se coge, escribir en un tren que va al mar, en un micro de larga distancia que se aleja acercándome, escribir mientras se lee, mientras se sueña, entre la quinta y la sexta taza de café con leche, de madrugada, escribir en las servilletas de un bar cualquiera, escribir como quien respira, escribir con los ojos cerrados, con los poros abiertos, enhiesto, petrificado, duro de literatura, mirando de lleno en el laberinto, corriendo siempre.
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Nicolás Reffray.

sábado, 20 de noviembre de 2010

XIX.


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Ahí está la luna, como un resto de nube más,
anónima en el firmamento claro de las seis de la tarde.

Ahí, luna, media pelota prendida del aire,
una fosforescencia tímida que investiga en la tarde los colores del día y el movimiento,
que ahoga los cielos con su pasividad menguante
y se trasunta en poemas de juventudes que miran para arriba.

Efímera en su noche de luz caída,
en su tiempo justo de oscuras prepotencias.

Luna, puta confundida de nube, amnésica, ectoplás­mica,
¿saben, acaso, los hombres mirarte?
Saben jurarte, saben prometerte. Eso sí.

Luna de espanto, dulce luna de tiempo,
somos los hombres tus satélites.
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Nicolás Reffray.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

XXIII.


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Sumo fantasmas a una revolución de moscas,

a un fogueo entre hermanos,

a una ciudad de sombras.

Y hay en ello un placer oculto,

una soledad desesperada que adorna la ausencia,

que conmueve a la muerte,

que me siembra sus dudas.

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Nicolás Reffray

viernes, 22 de octubre de 2010

XX


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Las

voces

tiemblan

en el

muro

de la

noche

como

cristales

en el aire

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Nicolás Reffray