viernes, 19 de agosto de 2011

Fragmento


Ahora todo se me confunde a través de una pila de papeles, de una deformación de la letra, las palabras una vez escritas tienden a eso, mutan, se trastocan, dejan de significar. Mi pila de papeles dice que ella se mantuvo al margen, deseando sin obrar, y que nosotros la escuchamos, aceptando lo que nos leía a través de su voz, de sus versos injustos, superlativos, tomando la posta de sus silencios y rellenándolos con alusiones a un pasado en el campo, a una infancia de extramuros; todo eso con una cotidianeidad que nunca fue fingida, que siempre estuvo ahí para nosotros. Yo la comprendía, podía comprenderla, pero no se trataba de eso, nunca fue eso más que en ocasiones aisladas, por lapsos minúsculos de tiempo, las formas van perdiendo de a poco todo el sentido, se dejan llevar por el instinto y la creatividad, hasta no ser más que un rompecabezas inacabado al que, con los años, se le han ido extraviando las piezas.

sábado, 5 de marzo de 2011



Entonces toqué sus labios con los míos, toqué mis labios en los suyos, una sensación de algas tiernas sobre la piel blanca, una sensación de desahogo y de grito cristalizado, de grito cristalizado y de algas tiernas, sobre la piel blanca. Ella habló y fue como si yo también hablara, como si su voz saliera de mi voz, de mi boca, en la noche del día, en la oscilación del aire. Su voz y mi voz cristalizadas en un batir de alas, en un canto de ángeles. Una boca sobre la otra, recelosas ambas, incrédulas, y la voz se desparramaba por todo el cuerpo, arrebujándonos fuerte, la voz sonreía desde un recoveco invisible, desde un ensayo transparente de otra cosa de otro. Su piel se llenó de mis manos, se llena y se vacía y se vuelve a llenar. Su piel tiembla. Tiene una margarita en el pelo, una coronita blanca con su sol amarillo, un sol de jardín de infantes, amarillo, como de azafrán, y yo la nombro y es como si ella se nombrara a si misma, y la sonrisa de uno es la sonrisa de los dos, y el beso, y el beso.
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Nicolás Reffray

miércoles, 9 de febrero de 2011


Y el viento leía mis apuntes,
pasaba las hojas de una en una,
en estado de tormenta.
Y yo solventaba la calma en un escurrirse
de ventanas y sombras miopes,
en una persecución porosa
en donde siempre soy el perseguido y no el perseguidor,
la presa en mitad de la selva.



Nicolás Reffray

miércoles, 26 de enero de 2011

La Noche

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Me habla de él, me cuenta de México, de Uruguay, los contrastes. Fumamos, intercambiamos humo, avanzamos juntos hacia la boca de un animal semimuerto: la noche. Lo veo hablar, lo miro mientras caminamos, lleva las manos metidas en los bolsillos del saco, como si escondiese algo. No se quita el cigarrillo de los labios. Dice: Estoy escribiendo sobre nosotros. Lo miro, pero no dice nada más. No me importa, no podría importarme, la imagen en mi cabeza no lo incluye, pienso en Norma, la noche me la trae como a un sueño o a un pájaro, y creo que la amo, que siempre la amé, que no la comprendo y aún así no puedo dejar de amarla. Dice algo más, pero yo ya no lo escucho, somos dos peces en la noche.
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Nicolás Reffray

sábado, 22 de enero de 2011

Ausencia


Palpo esa boca felina,
esa boca humana que se
deshace en el aire,
que se desgrana débilmente,
que presagia la muerte en sus miles de formas y
colores,
que la antecede,
anteponiéndose a ella con la obstinación de un niño o un loco.

Toco el espacio de aire que hasta recién ocupaba;
toco el hueco helado de la sombra que ya no es,
y que sí es su falta, inalterable.
Bosquejos de bostezos, mi pena adolescente.
Nada puede resumirse en dos líneas ni en tres,
y yo enmudezco, idiota,
con el dedo índice puesto en la nada,
en esa nada que me dice tanto,
que me estampa sus cinco dedos de revés en plena cara.


Nicolás Reffray

sábado, 8 de enero de 2011

Te espero en el absurdo, en el poema...




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Te espero del otro lado de las cosas,
en el hueco-grieta-sombra que dejó el día para reconocernos.
Te espero en el absurdo,
en el poema,
despeinado y con los ojos abiertos como dos pozos
inacabables

que se llenan y se vacían,

que se refriegan inconsolables

y se desvisten.

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Nicolás Reffray

martes, 30 de noviembre de 2010

XXVI.


Escribir bajo un cielo negro, bajo un techo de yeso, desde un balcón mirando hacia abajo, escribir en la bañadera, en el subterráneo, en los cordones de todas las avenidas de Buenos Aires, sentado en el suelo de tierra, en las baldosas quebradas de un patio abierto, escribir pensando en nada, en todo, escribir como ejercicio mental, filosófico, moral, escribir en otoño, en primavera, en invierno, escribir en verano, escribir sobre la muerte y sobre la espera, escribirle al tiempo, a la mujer, al lado femenino de toda masculinidad, escribir descalzo, desnudo, escribir palabras que no conozco, jugar con sus sonoridades, escribir mierda sin dejar de escribir oropéndola, escribir bajo la sombra lila de un jacarandá, escribir a máquina, con lápiz, con birome, pluma fuente, con imanes, escribir poesía, ficción, realidad, mezclarlo todo, escribirlo todo, como sea, escribir vida, grieta, luz, sombra, escribir paredes, bancos de plaza, escribirse la piel, dejar marca, escribir en la marca ajena, en la piel otra, escribir con y sin diccionario, desde abajo, por arriba, escribir en boletos de colectivo, en cuadernos y anotadores, escribir mentalmente mientras se ama, mientras se coge, escribir en un tren que va al mar, en un micro de larga distancia que se aleja acercándome, escribir mientras se lee, mientras se sueña, entre la quinta y la sexta taza de café con leche, de madrugada, escribir en las servilletas de un bar cualquiera, escribir como quien respira, escribir con los ojos cerrados, con los poros abiertos, enhiesto, petrificado, duro de literatura, mirando de lleno en el laberinto, corriendo siempre.
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Nicolás Reffray.