jueves, 1 de julio de 2010

El segundo suelo.


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En tu casa de viento, en tu mortalidad de pájaro,
hay un único placer devorado por la repetición al
infinito de los bordes,
de la nebulosa vuelta café con leche,
madre pariendo desayunos y almuerzos,
besos en la frente.

La angustia inexplicable, la abulia inexplicable,
vos y yo como un par de libros viejos, sacrificados a los ojos.

Cae la noche como un bollo de papel, al calor de las sombras,
en la absoluta aquiescencia de su destino,
cae rodeada de velos y palmas en flor,
hasta el suelo, hasta el segundo suelo,
hasta ver la copa tiritando en tu mano
y no saberse más única.


Nicolás Reffray

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